La irrupción de la inteligencia artificial generativa está transformando el ecosistema mediático a una velocidad difícil de comparar con revoluciones anteriores. Pero, frente al ruido tecnocentrista y a los discursos apocalípticos o excesivamente optimistas, hay algo especialmente valioso en iniciativas como FerIA: colocar el foco en las personas, en los procesos y en el criterio profesional.
La jornada FerIA: Experiencias y herramientas para innovar con inteligencia artificial, celebrada en la Universidad de Málaga y organizada por la profesora y miembro de gen-IA María Sánchez González, reunió a egresados de la Facultad de Ciencias de la Comunicación para reflexionar sobre cómo la IA está impactando en el periodismo, la publicidad, el audio inmersivo y la creación de contenidos.
Y quizá una de las ideas más importantes de toda la sesión fue también una de las más sencillas: la herramienta no piensa por ti.
La tercera gran revolución del periodismo
Demo Peláez, impulsor del proyecto Journo, situó la IA generativa dentro de una secuencia histórica muy clara: primero llegó internet, después las redes sociales y ahora la inteligencia artificial. Si internet democratizó la distribución y las redes transformaron la conversación pública, la IA está democratizando la creación de contenidos.
Pero democratizar no significa necesariamente mejorar. Ahí está precisamente uno de los grandes desafíos actuales: cómo mantener la calidad, el contexto y la responsabilidad profesional en un entorno donde producir contenido es cada vez más fácil y barato.
Su reflexión conecta con uno de los debates centrales en investigación sobre IA y periodismo: la automatización no sustituye automáticamente el valor periodístico. Al contrario, cuanto más abundante es el contenido generado, más importante se vuelve el criterio humano para verificar, contextualizar y jerarquizar la información.

Narrativas inmersivas y accesibilidad
La intervención de Juan Polo abrió otra línea especialmente interesante: la relación entre IA, sonido e inmersión narrativa. Su proyecto parte de una pregunta tan tecnológica como profundamente humana: cómo conseguir que una persona ciega pueda “ver” una película a través del sonido.
La IA aplicada al audio está permitiendo avances relevantes en diseño sonoro, recreación de ambientes y generación de experiencias inmersivas. Pero también obliga a replantear cómo entendemos la accesibilidad en los productos audiovisuales y qué nuevas competencias necesitarán quienes trabajen en este ámbito.
Más allá del impacto técnico, este tipo de proyectos recuerdan algo importante: muchas de las aplicaciones más interesantes de la IA no nacen de sustituir personas, sino de ampliar capacidades.

“Todo huele a IA”… ¿y ahora qué?
Agu Méndez, desde La Gauss, abordó uno de los fenómenos más visibles del momento: la sospecha creciente hacia cualquier contenido que parezca generado artificialmente. En un contexto saturado de imágenes sintéticas, voces clonadas y automatización creativa, emerge un nuevo reto cultural y profesional: recuperar la autenticidad y el valor diferencial de las ideas.
Su reflexión es especialmente pertinente porque desplaza el debate desde la herramienta hacia el proceso creativo. La IA puede acelerar tareas, multiplicar iteraciones o generar propuestas visuales en segundos, pero sigue siendo incapaz de sustituir completamente la intención narrativa, el contexto cultural o la sensibilidad comunicativa.
En otras palabras: la tecnología modifica dónde se genera el valor, pero no elimina la necesidad del pensamiento crítico.

Aprender… y desaprender
Uno de los aspectos más interesantes de FerIA fue su cierre participativo, con la elaboración colectiva de un decálogo estratégico sobre IA y comunicación. Ese ejercicio refleja bien el momento actual de la profesión: no basta con aprender nuevas herramientas; también hay que desaprender inercias, redefinir metodologías y cuestionar ciertas dinámicas productivas heredadas.
El futuro de la comunicación probablemente no dependerá solo de quién domine mejor la tecnología, sino de quién sea capaz de combinar competencias técnicas con ética profesional, creatividad y capacidad crítica.
Porque, como quedó claro durante la jornada, la IA puede generar contenido. Pero sigue siendo responsabilidad de las personas decidir qué merece realmente ser contado.